A grandes festines, grandes remedios

De Diego Velázquez - See below., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15587745

De Diego Velázquez – See below., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15587745

Están comiendo como fieras, comprueba que tenemos suficiente ensalada de patatas“. Más o menos así es una frase de diálogo de la maravillosa película “Florence Foster Jenkins” que nos coloca, segundos después, delante de una bañera llena de ensalada de patatas. Florence adora la ensalada de patatas, los sándwiches y organizar banquetes donde se sirve abundante cantidad de las dos cosas (y sopa, la sopa no puede faltar en el Club Verdi). Llevo un tiempo recopilando escenas de festines en mi cabeza (algo que no habría conseguido sin la ayuda de David M.) y la escena que he contado ha sido el detonante final para ponerme manos a la obra.

Cómo no, voy a empezar por mi querida película “Como agua para chocolate“. Como la receta de la pasión ya salió en Recetas en películas 1 nos vamos a un banquete delicioso con final infeliz:

(aquí está la explicación de por qué esa tarta llenó a los invitados de melancolía; y ese es el motivo por el que siempre intento mantener las lágrimas alejadas de la cocina).

Por supuesto, llamándose este post “Festín” no podía seguir si no es con Babette. Como en el caso anterior, la comida -deliciosa- y el ambiente festivo hacen una combinación que produce curiosos efectos entre los comensales de “El festín de Babette“. Sí. La comida es magia.

(sigue aquí)

En “Fanny and Alexander” casi podemos saborear las delicias de la cena navideña sueca:

La primera vez que estuve en Grecia me sorprendió que me pusieran más para comer que cuando voy a casa de mi abuela en Asturias (a-ca-sa-de-mi-a-bue-la-en-as-tu-rias). Luego vi “Mi gran boda griega” y tuvo todo el sentido:

Y no todo van a ser exquisitos banquetes de uno y otro lado de Europa. En Viridiana, de Luis Buñuel, tenemos un ejemplo de banquete “patrio”:

Un salto cultural y nos vamos a cenar a “Indiana Jones y el templo maldito“:

Un viaje de 10 metros” (“The hundred-food journey“) es otra de mis películas gastronómicas favoritas. Y, aunque esta escena no es un festín, con lo que nos sugiere, podemos preparar el mejor banquete del mundo:

(cuentan la importancia de la comida en la peli en este vídeo)

Los festines, a veces, no necesitan implicar a un montón de personas. Porque a ver quién le dice a Julia Roberts que no está en mitad de un festín en “Come, reza, ama“:

(De amor y de cocina romana y de amor por la cocina romana, el libro “Manjar de amor” me encantó y me hizo enamorarme, en su momento).

En las películas familiares también se come mucho y bien: hay menús reales y hay menús que ojalá fuesen reales. Como el menú que la imaginación de los Niños Perdidos de “Hook” fabrica para cenar:

Un poco de imaginación y otro poco de magia… “Let the feast begin” no dice el profesor Dumbledore en Harry Potter:

Y un festín no sería un festín si no es de postín (“La Bella y la Bestia“):

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