Humanoides

Hace unos días leí este artículo en Wired sobre los robots de compañía. No es un tema que me resultase, en su planteamiento, nuevo. El libro “The industries of the future” de Alec Ross ya recoge en un capítulo algunos aspectos del desarrollo de los robots de compañía como punta de lanza del desarrollo de la robótica en Japón, que será una solución posible a medio plazo para la asistencia -y la compañía- a una población mundial cada vez más envejecida. Este artículo resume ese capítulo -y añade algunos vídeos- . En este artículo Ross plantea en voz alta el desafío que hay en la industria de la robótica alrededor de los vínculos emocionales de los usuarios hacia los robots. En este caso, se cuestiona si los usuarios serán capaces de “encariñarse” con un robot. A penas con año y medio de diferencia, el artículo de Wired se plantea qué pasará con aquellos que sí establezcan vínculos emocionales con los robots. Y tanto se lo cuestiona la industria que la empresa del robot que se presenta en el artículo de Wired ha decidido que el robot no “hable” para que los usuarios tengan claro que no les entiende. Para que no empaticen. Para que no haya transferencia. Para que no se encariñen con él como se encariñarían con una mascota.

Y eso me lleva a acordarme del vídeo de presentación de los robots bípedos de Boston Dynamics de 2016 que se convirtió en viral no por la tremenda estabilidad de los robots (característica principal de la presentación, según The Guardian) sino por la reacción de algunas personas cuando, hacia el final del vídeo, “pegan” a los robots. Yo soy de las que se tapaba los ojos para no verlo.

Yo no sé nada de robótica ni de Inteligencia Artificial. Son temas que me interesan, sobre los que leo, pero que, sobre todo, me producen una enorme curiosidad desde el lado psicológico, sociológico, filosófico y ético. Y por eso el artículo de Wired que abría este post me llamó tanto la atención:

¿Seremos capaces de empatizar con los robots aunque no hablen? ¿Seremos capaces de no encariñarnos como si fueran mascotas cuando hablen? ¿Cómo nos afectará si se produce transferencia de forma habitual y masiva? ¿Sustituirán a nuestros animales de compañía? ¿Qué pasa con las poblaciones vulnerables (mayores, dependientes, niños)? Si lo “físico” se lo solucionan los robots, estarán aún menos acompañados en lo afectivo y emocional? Cuando el machine learning, deep learning, las redes neuronales, el procesamiento de lenguaje natural y todas esas cosas en las que tanto se está trabajando ahora estén un poco más maduras, ¿qué decisiones habrá que tomar como sociedad?

Mientras todas esas decisiones se toman, se tiene cuidado de que los robots no tengan una apariencia demasiado humana. Hace unos días nos planteábamos en un contexto amistoso de filósofos, psicólogos y humanistas cómo afectarán al cerebro humano los muñecos realistas (tanto los reborn <– abrid eso con cuidado, que es el material del que están hechas las pesadillas; como las muñecas hinchables hiperrealistas (consejo: no lo googleicéis). En este sentido, ya se pueden crear muñecos realistas a la carta, y en breve se podrán imprimir en 3D desde la ecografía (si no se hace ya, que creo que sí). Algún reportaje he visto de madres -en el reportaje salían madres, no sé si habría padres también- que reconstruían a sus hijos -o incluso fetos- fallecidos y los “criaban” como si fuesen de verdad. Hace años que no me dedico a la psicología clínica, pero esto bien bien, no suena. Algo semejante vi en un reportaje sobre las muñecas hinchables realistas en Japón, con hombres que las usaban no solo para lo relacionado con el sexo, sino también con lo relacionado con la compañía. En la imagen un señor sentaba a su muñeca hinchable vestida a desayunar.

¿Y por qué he mezclado estas dos cosas, los robots y los/as muñecos/as hiperrealistas?

La ciencia ficción ha recogido en numerosas ocasiones ejemplares de robots con forma de humanos. Pero ahora que es algo que se nos antoja tan cercano es cuando aparecen las preguntas éticas, psicológicas, filosóficas, sociológicas, humanistas…

¿Qué pasará cuando esos robots que nos harán compañía, nos cuidarán (o nos harán el desayuno y bajarán la basura) tengan aspecto humano y un lenguaje que se asemeje al lenguaje natural? Siri no se maneja mal… Si Siri estuviese “dentro” de uno de esos muñecos hinchables cuyo esqueleto esté tan robotizado como los de Boston Dynamics, y además tuviese cierta información nuestra extraída de las redes sociales (como población y como individuos) ¿lograríamos mantener la distancia? ¿lograríamos no encariñarnos, no empatizar, no aislarnos socialmente? ¿Debería intervenir la ética en la definición de hasta dónde se puede llegar con esto? ¿Debería haber una legislación internacional que regulara qué se puede hacer y qué no? (eso sale mal, ya hemos visto en las pelis que a los malos la legislación no les preocupa demasiado). ¿Habrá que hacer peritajes psicológicos antes de darle a una persona un robot? ¿O nos dejamos hacer y que sea lo que Mazinger Z quiera?

Traigo dos ejemplos de ficción que me gustan especialmente sobre esto de los robots inteligentes y con pinta de humanos (uno recurrente, pero es que me encanta):

EVA (Kike Maíllo, 2011).

No importa tanto si los robots sienten o no, lo que importa realmente es lo que te hacen sentir“.

 

BLACK MIRROR, S2E1: BE RIGHT BACK

The more it has, the more is him

 

Con este post solo pretendo dejar por escrito las ideas que me merodean la cabeza en estos momentos. Estoy a años luz de ofrecer algo más que un listado no sistemático de preguntas. Pero ahora sé que existen el Future of Humanity Institute y el Machine Inteligence Research Institute a quienes seguiré de cerca para intentar mantenerme algo más informada. Y seguir alimentando la infinita curiosidad que me da este tema.

vevmx

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