De Beacons y RFID: la tecnología indoor

 

HiRes1

Oímos hablar constantemente de los Big Data. Sabemos –o nos dicen- que analista de Big Data es una de las profesiones ahora mejor pagadas y más demandadas, también, en un futuro inmediato. Tenemos grandes cantidades de información y, para que resulten útiles, necesitamos expertos y expertas que sepan procesarla. Si no, nos encontramos con teras de información digital de mucha calidad en su recogida y nula efectividad en su tratamiento.

Viví la implantación masiva de Google Analytics en vivo y en directo. Aprendí a usarlo con un blog que tenía entonces y fui creciendo con la herramienta cuando comenzamos a usarla en el departamento web que puse en marcha en la editorial. Google Analytics reculó en temas de privacidad, pero al principio daba mucha información de los visitantes de una web. Cruzando datos de navegador, fuente de acceso y lugar desde donde accedía (entonces podías saber si entraban desde El Corte Inglés o desde las oficinas de CEPSA, por ejemplo) podías saber casi con nombre y apellidos quiénes habían visitado el blog (con el enorme tráfico de la web era difícil afinar tanto, pero me consta que sigue habiendo analítica un poco pirata que da información hasta de la IP). Viví también la época de cantidades ingentes de palabras clave y el desasosiego posterior de los “not provided” que suelen ser ahora la “palabra clave” más buscada al mirar la analítica de una web (son las palabras clave que usamos cuando buscamos mientras estamos logueados con una cuenta de Gmail: el gigante de internet ya no nos proporciona esa información, por temas de privacidad).

En el sector donde trabajo actualmente, en videojuegos, la analítica también es muy importante. Generalmente asociada al ID del terminal, se recoge información sobre el comportamiento del usuario dentro del juego para mejorarlo en las siguientes versiones –o para afinar algunos aspectos relacionados con las compras dentro del juego, en el caso de los F2P-, resumiéndolo mucho.

Sobre Analytics no voy a contar nada nuevo y ya hay escritos miles de artículos.

Pero ¿y en el entorno físico? ¿Hay big data? ¿Hay analytics? Bienvenidos a la casa del Gran Hermano.

Empiezo con los beacons que, aunque a día de hoy no se ha terminado de encontrar su lugar, fue lo primero que conocí de este tema.

Pongo un ejemplo rápido para entendernos: Mobile World Congress de Barcelona, 2016. Tenemos la entrada en el móvil, la app bajada y, al llegar a la estación de Sants, una notificación en nuestro móvil nos da indicaciones de cómo llegar al Congreso, además de otra información práctica de interés. Esta información se va actualizando a medida que vamos pasando por ciertos lugares clave. Una vez dentro del recinto, se suceden distintas notificaciones para que vayamos a un sitio o a otro, o con información de lo que está sucediendo cerca de donde estamos. Y todo ello gracias a las Beacons.

Cito a Wikipedia, que todo lo sabe:

“Un beacon es un dispositivo de bajo consumo, que emite una señal broadcast. Suficientemente pequeños para fijarse en una pared o mostradores. Utiliza conexión bluetooth de bajo consumo (BLE)  para transmitir mensajes o avisos directamente a un dispositivo móvil sin necesidad de una sincronización de los aparatos, la señal es captada por estos dispositivos y se transmite a menudo a un servidor en la nube a través de internet. El servidor de la nube procesa la información y lleva a cabo análisis más detallado para guiar los comportamientos basados en la localización específica del dispositivo móvil .

A diferencia del GPS, los beacons pueden ser utilizados para la localización exacta dentro de un entorno cerrado. Existen numerosas aplicaciones que han surgido, como el marketing, siendo uno de los usos más mayoritarios. Otras como el servicio a clientes basadas en la localización, asistencia personalizada.

Igual no ha quedado muy claro…

Un beacon es una especie de GPS para lugares cerrados que geolocaliza a los usuarios a través de bluetooth (ahora BLE) y permite conocer y analizar su comportamiento dentro de ese entorno cerrado y enviarle notificaciones de distinto tipo al usuario (ofertas, información adicional, avisos, etc.). ¿Problemas? Que los usuarios tienen que tener activado el Bluetooth –que no suele ser lo habitual-. Pero las beacons no sirven solo para enviar datos, también los recogen. Y hay diversas empresas con software diseñado para analizar y entender estos datos con fines comerciales. Su lema siempre es que intentan ofrecerle al usuario los servicios más relevantes para él. Y a las grandes superficies les dan información de mapas de movimiento de los clientes en sus tiendas.

Hace poco leí un artículo sobre la tecnología que hay detrás de que Zara funcione como funciona (está muy bien contado aquí) y sobre la información que hay en las alarmas de las prendas (muy bien contado aquí). El resumen es que hay información individualizada sobre cada prenda en la alarma (en esa tan incómoda que o nos deja agujeros en la ropa o nos impide probarnos con comodidad o las dos cosas). La información RFID está en las alarmas. Las prendas vienen con la alarma puesta ya en origen y la información se introduce una a una en la fábrica. De esta forma, cada prenda está trackeada desde el inicio hasta el fin (cuando el cliente paga la prenda y se quita la alarma). Es más fácil para dar seguimiento en el transporte, en el almacenaje, en el proceso de revisión de stock… Esto genera una cantidad ingente de información que, bien procesada –los analistas de Big Data de los que hablaba más arriba- le da a Zara información muy precisa de su producto desde la fábrica hasta la venta, lo que le permite optimizar todos los procesos.

Pero ¿qué es RFID? Vuelvo a citar a Wikipedia:

RFID (siglas de Radio Frequency IDentification, en español identificación por radiofrecuencia) es un sistema de almacenamiento y recuperación de datos remoto que usa dispositivos denominados etiquetas, tarjetas, transpondedores o tags RFID. El propósito fundamental de la tecnología RFID es transmitir la identidad de un objeto (similar a un número de serie único) mediante ondas de radio. Las tecnologías RFID se agrupan dentro de las denominadas Auto ID (automatic identification, o identificación automática).

Me contaron también hace poco que el sistema RFID, lejos de ser una novedad incorporada por Zara, lleva ya un par de años implantado y afinándolo día a día en Decathlon. Las etiquetas RFID de Decathlon tienen información individualizada de cada producto y también se colocan en origen. Unas antenas situadas en determinados puntos del proceso logístico leen las etiquetas RFID lo que permite conocer el contenido de la caja sin necesidad de abrirla. También permiten colocar directamente el stock en tienda en los lineales y los trabajadores simplemente pasan una raqueta sobre el lineal y se inventaría directamente. Cuando una prenda sale de la tienda sin haber pasado antes por caja, el personal de seguridad sabe con absoluta precisión qué se están llevando. Uno de los puntos fuertes de Decathlon es la exactitud en la logística y el estocaje en todas las fases y este hardware y el software analítico que hay detrás les permiten llegar casi a la perfección.

Hay más ejemplos de cómo estamos siendo trackeados contantemente: por las cookies, por el gps del móvil, por las wifis a las que nos vamos conectando, por las antenas a las que nos vamos conectando y muchos más que seguro que no conozco. Estos son 3 de los ejemplos de tecnología bajo techo que me he ido encontrando. Seguiremos informando.

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