Un verano en diferido

No me gusta hablar de 2020 como el año que no fue, porque en su tragedia, sigue siendo. Un año que se quedará prendido en nuestras autobiografías y al que volveremos constantemente en nuestros recuerdos.

Atravesar esta época tan feroz, trágica y difícil y pretender no mancharse la suela de los zapatos es imposible. Tratar de crear, de narrar, de ver o de escuchar con la mente, las palabras o los ojos inmaculados de virus es situarse en una ficción ajena al relato. Y en este seguir viviendo mientras la vida como la conocíamos (y no percibíamos) – despreocupada, afectuosa y de riesgos conocidos, asumidos y domados- ha dejado de existir, hay nacimientos, hay pequeñas alegrías, hay encuentros muy estimulantes, hay lecturas, películas, series, música, hay creación artística y audiovisual que reinterpreta las circunstancias para desnudarse de ellas, hay amor, hay risas, hay abrazos con los ojos, hay un cuidado excelso de las personas a las que queremos y cuya presencia imprescindible ha adquirido una importancia con un peso casi físico. Cuando volvimos a salir a la calle, las aceras se habían llenado de plantas, una bonita metáfora que la naturaleza puso a nuestra disposición para recordarnos que, pese a todo, no solo se puede seguir, sino que podemos intentar seguir viviendo, siendo, sintiendo, lo mejor posible.

Hace unas semanas, en una entrevista de Cultura Inquieta a Isabel Coixet (imprescindibles las dos: primera entrevista y segunda entrevista) Juan le preguntaba si incluiría en su ficción audiovisual el confinamiento, si de estas historias domésticas entre cuatro paredes saldría una nueva joya de la factoría Coixet. Ella dijo que no, que lo último que quería ver en la pantalla es más sobre esto. Recuerdo que entonces pensé que había algo de saturación audiovisual sobre el confinamiento -romantizado o no-: hemos estado viendo vídeos de ficción y de no ficción constantemente de personas contando su encierro. Con más drama, con más humor. Hemos estado casi tres meses “viendo” a las personas en sus casas; personalmente, no sé si me gustaría ver una película que retratara lo que he estado consumiendo en tiempo real.

Hablando con Amelia y Marcela, de Pequeño Pato Salvaje Editorial, sobre el impacto de la situación sobre la creación y sobre la mirada del mundo de artistas y creadoras, definimos algunas de las cosas que nos habíamos encontrado: el bloqueo creativo, el uso del impacto personal de la crisis sanitaria para generar contenido directamente relacionado con el aquí y el ahora, y creación artística que no había sufrido ningún tipo de cambio.

Esto también influye sobre nuestra forma de acceder y relacionarnos con la cultura porque nuestra mirada también cambia, está cambiando, ha cambiado. Se ha comentado mucho lo que nos impresiona de entrada a algunas personas cuando en una película o en una serie vemos a los protagonistas abrazarse, tocarse o no mantener la distancia de seguridad. Nuestro cerebro se va adaptando también a esto (como antes nos acostumbramos a que se dejase de fumar en los bares, a ponernos el cinturón de seguridad en los asientos de atrás o a descalzarnos para pasar el control de seguridad del aeropuerto). Y tengo la sensación -cero certezas aquí- que esa adaptación también influye sobre nuestra mirada hacia el arte. Ya no es la “creación pandémica”, es la creación, sin más. Porque nuestros tiempos son estos y no son otros.

Y todo esto para plantear un verano en diferido, desde la pantalla, pero alejado de la creación de supervivencia. Un planteamiento que describe la realidad pero no la parchea. Esto somos. Esto es. Estas son nuestras herramientas.

Por circunstancias buenas (¡bienvenida, E.!) y por circunstancias malas (#putovirus), este verano seguramente me quedo en Madrid. Pero eso no me va a privar de no darme un baño -digital- en el mar.

 

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🌞 𝔼𝕥𝕖𝕣𝕟𝕒𝕝 𝕊𝕦𝕞𝕞𝕖𝕣 🌞 George Hoyningen-Huene photos of models (Georgia Graves in the first picture) in Lucien Lelong, Jane Régny and Schiaparelli bathing suits. Paris Vogue July 1929 in my archive. 🌊 'Rouge, marine et blanc s’harmonisent à merveille. Costume rouge et marine, ceinture, rayures et bonnet blancs. De Lucien Lelong. Posé par Georgia Graves. . Une mince ligne tissée remplace la ceinture sur ce maillot de Jane Régny en jersey marine et blanc. Schiaparelli découvre largement le dos afin de donner plus de marge à l´action du soleil. Costume en jersey noir. Jupe en forme par-dessus la culotte.' 👙 #georgehoyningenhuene #hoyningenhuene #lucienlelong #elsaschiaparelli #schiaparelli #janeregny #janerégny #1920sfashion #1920sstyle #bathingsuit #swimsuit #vintageswimsuit #vintageswimwear #vintagebathingsuit #beachchic #georgiagraves #parisvogue #vogueparis

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Recuerdos 2020 (89)

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Agnieszka Kozień
Agnieszka Kozień- Summertime 

 

 

 

 

“Can’t wait to get back in that window seat”