TMLL14: el transmedia es muy bonito pero ¿quién paga todo esto?

Con este título resumiría lo que he vivido en el transcurso de las jornadas Transmedia Living Lab 14 en el Espacio de la Fundación Telefónica. Unas jornadas bien organizadas, con un buen plantel de ponentes especialmente los dos primeros días, en un espacio realmente cómodo en todos los aspectos (también en accesibilidad) y a las que, si tuviera que poner una pega, se la pondría a la puntualidad de comienzo, que luego arrastraba a los ponentes a ir a toda velocidad.

Los dos primeros días (de tres) fueron un paseo por “lo que se está haciendo” y “lo que se puede hacer”. Ya he ido destacando en este blog los ejemplos que más me han llamado la atención (y añadiré algunos más a lo largo de esta semana). Siempre es un placer saber qué se está haciendo de la mano de los que lo están haciendo: innovación metodológica, de canal y de contenidos. Para mí las conferencias de Simon Staffans y David Varela fueron de muy alto nivel. Y la conferencia de Marta Marín aún me tiene con la boca abierta. Fantástica, mágica y erudita.

Por parte del resto de los ponentes españoles, me quedé con ganas de menos teoría y más práctica. Quizá será que aquí no se están haciendo cosas tan llamativas como se hacen fuera (la transmedia pobre de la que habló Andreu Meixide), pero la teoría (conferencia de Gamificación y de Sociología) quizá es a estas alturas un poco redundante, al menos en un foro especializado. O puede ser mi punto de vista, a fin de cuentas vengo del ámbito académico y echo en falta la práctica más que la teoría.

Me enfrenté al tercer día con el entusiasmo que habían dejado en mí la dos primeras jornadas. Y fue Eduardo Prádanos el que me hizo poner los pies en la tierra. No tanto por la conferencia, en una línea y un ánimo poco habituales en él, sino por un factor determinante que sufrimos los que nos intentamos dedicar a los contenidos digitales en España: ¿quién lo finanza? Quizá la cuestión no es que aquí no haya profesionales que no sean capaces de desarrollar un videojuego como el de Sherlock: the network, sino que no hay quien financie algo que no sea un runner desarrollado en pocos meses y ajustando demasiado el presupuesto.

Desde mi punto de vista creo que es una cuestión de modelo. Llevo muchos años en internet, viendo cómo distintas industrias intentan replicar sus modelos de negocio, de obtención de beneficios, a lo que tenían en offline. Fue el caso de la música, de la prensa, de la tele, del cine… Pero internet es otra cosa. Sinceramente, no creo que haya un anunciante que pague el equivalente a una página impar en El País en los años 90 por obtener en internet un impacto 8 veces superior. Los tiempos cambian.

Y tampoco creo que lo transmediático sea para todo el mundo. No estoy de acuerdo con que ahora los usuarios sean, por norma, más activos, sino que hay un porcentaje de usuarios muy activos que necesitan consumir nuestros productos por todos los canales disponibles. Pero también hay usuarios más pasivos que no quieren que les compliquemos la existencia. Eso también hay que tenerlo en cuenta.

En resumen, creo que en Transmedia hay aún muchísimo por descubrir: nos lo cuentan los del transmedia rico. No solo por todas las tecnologías nuevas que van apareciendo y las analíticas que nos descubren cómo son nuestros usuarios y los datos en la nube; también hay cada vez más contadores de historias que necesitamos hacerlo con todos los canales disponibles porque ya nos sabe a poco el texto corrido. Y sobre todo hay una necesidad enorme de sentar a los grandes dinosaurios de cada una de las disciplinas, enamorarlos como Steffans o Varela lo hicieron conmigo, convencerlos de la necesidad de invertir en desarrollar estos productos (sin buscar una rentabilidad económica del 1000000% sobre cada acción) y ponernos todos en la piel del usuario, a veces muy activo y a veces no tan activo.

Está claro que tenemos las herramientas, el momento, la experiencia y la formación para poner mil proyectos en marcha. Ahora es el momento de dejar de ser contingentes para ser necesarios.

Mi aplauso a los organizadores de las jornadas y a los ponentes. Han sido un gran estímulo profesional para mí.

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