¿Libertad en internet? Ubicándonos.

berlin

Asunto complicado que intentaré resumir lo más posible.

Libertad no es gratuidad.

Desde el cierre de Megaupload me alarma de forma notable la incomprensible ecuación que muchos han hecho de Libertad= contenidos gratuitos. (Abucheen. Sigamos).

Lo que me alarma del cierre de megaupload no es que cierren una empresa que pueda tener una actividad ilegal (en principio ellos no se hacían responsables del material alojado; pero si premiaban a los usuarios para que lo subieran, es otro asunto). A mí me alarmó la forma cómo se hizo. Me da la sensación (y es una sensación, sé nada de legislación estadounidense) de que ha sido un golpe de estado del FBI. Desde mi punto de vista, eso es lo protestable. Eso, y que no hayan sido capaces de detener algo muchísimo más grave, como es la pedofilia en internet, porque no hay una industria detrás que se vea perjudicada.

Y aquí viene mi segunda alarma. Una oleada de gente ha alegado que el cierre de megaupload es un atentado contra los derechos (¿qué derechos?) y contra la libertad de uso de internet (¿qué libertad?). E, incluso, se han atrevido a declarar una World Wide War. O World War Web. O alguna barbaridad semejante.

Pero vayamos por partes.

¿Y cómo compartimos contenidos legales?

Megaupload es una herramienta para compartir archivos pesados. Como esa herramienta, hay muchas más. De ese tipo (que están empezando a cerrar) o de otros tipo SugarSync o Dropbox. Así que ha sido una faena para todas aquellas personas que usaban Megaupload para trabajar y que han perdido contenidos, pero hay otras herramientas que lo sustituyan.

El tema difícil: los derechos de autor (los derechos de autor NO son Ramoncín).

Los derechos de autor. Tema escabroso donde los haya. Yo no sé nada o casi nada de derechos de autor. Pero vamos a funcionar por instinto.

– Alguien hace un trabajo, debe recibir una remuneración. Sea cual sea su trabajo.

En eso estamos de acuerdo. ¿Dónde entra la discusión?

– Cómo funciona esa remuneración. Y quién es el que paga.

La SGAE con su apestosa política de derechos de autor y su forma de comunicarla y exigirla, y algunos de sus miembros (que se nombran portavoces de un sector que los rechaza) ha hecho que la opinión pública se vuelva contra los autores. Y autor es Alejandro Sanz, sí (experto en meter la pata, además). Pero no solo. Y lo de “los músicos están forrados, me bajo su música porque les da igual” no es así. Músicos forrados son un porcentaje muy bajo de la industria. Pero vale, de acuerdo. El tema derechos de autor, está mal gestionado (también para los músicos). Comprarse discos, casi nadie lo hace ya, y la industria se muere. ¿Se MUERE? ¿La industria o la música? Se muere algo obsoleto. Llega Spotify.

Derechos de autor y políticas mal planteadas y peor ejecutadas. La ley SINDE. Y la revolución del usuario. Un usuario mal acostumbrado a no pagar por consumir. Y a no pagar y a ELEGIR cómo consume. ¿Cuál es el problema? Que a ese consumo libre y diferente del usuario, la pesada industria (audiovisual) no ha sabido sacarle partido. ¿Por qué? Porque buscan modelos de conseguir dinero como había antes: metiendo bloques de publicidad. Tremendo error. Hay más formas. Pero es mejor negarse en banda y decir que la piratería mata la industria. Cuando lo que mata la industria es la cerrazón de la propia industria.

Hablemos, entonces, de la industria.

La industria del cine y la televisión. Generan unos contenidos. Los venden y obtienen dinero directo. O los proyectan y obtienen dinero de la publicidad (simplificando mucho). La industria (activa) decide qué, cuándo y dónde (en la tele, en el cine). El usuario (pasivo) lo ve. Pero el usuario ha dejado de ser pasivo. Es activo, conoce y exige. Y la industria no se mueve. “Ve las cosas cuando yo te diga; y con 20 minutos de publicidad”. Y el usuario piratea. ¿Es sólo la gratuidad? No sólo. Es la libertad de elegir cuándo, cómo y qué. Pero la industria no está a la altura. Y en este país no terminan de aterrizar alternativas. ¿Por qué no puedo ver Mad Men al día siguiente a su emisión en USA de pago? ¿Por qué no puedo ver Homeland de golpe si me apetece? Con contenido pirata lo puedo hacer. ¿Y qué hace la industria? Nada. Llorar. Y morir, como el cisne negro. Y echarle la culpa al usuario. Su consumidor potencial.

La industria musical sigue aferrada a la venta de discos (por la que los grupos apenas ven beneficio, por otra parte). Y llega iTunes y demuestran que otra forma es posible. Y llega Spotify y demuestra que otra forma es posible. Y llegan grupos que usan internet a su favor. Muchos grupos. ¿Y la industria? Erre que erre que internet les va a matar. Y te meto 50 € de entrada en los conciertos y sin pestañear (mientras las salas pequeñas se asfixian). La industria, lo que “los mayores” conocen por “industria musical”, hace rato que murió. Hay otra forma de hacer las cosas, pero no lo han entendido. Es muy cómodo criticar sentados en un sofá de cuero a años luz de la realidad.

¿Y qué pasa con los usuarios?

No soy hard user de descargas, pero en mi peril internetero he pasado ya por napster, imesh, soulseek, y algunas más que no recuerdo, hasta las actuales). Bajaba música antes de spotify (aunque soy de la que sigue comprándose cds, una romántica). Y me he bajado pelis y series aunque no he dejado de ir al cine por eso (lo cierto es que no soy buen ejemplo, porque ni en original ni en pirata soy una gran consumidora ni de series ni de pelis en casa). Pero siempre he tenido claro que es contenido pirata. Nunca me he sentido con la legitimidad de reclamarlo como mi derecho. ¿Derecho? Derecho es que me lo ofrezcan en la biblioteca/ videoteca pública. ¿Que era guay tenerlo y que, en mi caso, me ha permitido descubrir muchos músicos? Sí, pero también hizo que me descargara mucha música que nunca escuché. Nunca he descubierto tanta música como ahora, con Spotify. ¿Pero verlo en internet un derecho? No estoy de acuerdo. Hay unos contenidos que quiero usar, pues hay que “pagar” de alguna forma.

¿Pagar? Pero si en internet, todo es gratis.

A no ser que tú como consumidor te valores como “algo gratis”, la respuesta a eso es NO. Utilizar Facebook o Tuenti o Twitter, o incluso Google, no es gratis. Es como estar expuesto al bloque publicitario de la televisión todo el rato. Y no es la exposición a banners. Es mucho más. Cuando navegas por internet, lo haces a través de compañías privadas (hablo de la norma, no de los que habéis conseguido navegar por sitios open source con sistemas operativos distintos a la media). Y al usar compañías privadas te conviertes en un usuario con un valor. Tu “valor” varía dependiendo de la cantidad de datos que tenga de ti esa compañía (todos tus datos, como Google, muchos, como Facebook, algunos, como Twitter). Los anunciantes pagan por esa información, ya sea para enseñarte anuncios de acuerdo con tu perfil, ya sea para ofrecerte otros servicios premium o adaptados a tus gustos, intereses, edad, etc. ¿A Facebook le importa qué música te gusta? No. A Facebook le interesa saber cosas de ti para poder venderte más caro. Sin más. Y no pasa nada. A ese coste nadie le da importancia.

¿Qué quiero decir con esto? Estoy matizando la frase con la que cerré el anterior epígrafe. Hay que “pagar” de alguna forma. Y “de alguna forma” no siempre significa que el usuario ingrese 4,99 € al mes para disponer de toda la música que quiera (o casi) sin cortes publicitarios. Significa que pueda escucharla con anuncios (gratis) o de pago (a un coste razonable). Spotify ya lo ha hecho. Es fácil. Es asequible. Es útil (multiplataforma). Pero también significa que hay otros modelos en los que no hay coste para el usuario, pero el contenido es legal. Y la inversión se recupera.

¿Qué pasa con las series? ¿Para cuándo Netfix en España? Si hay la misma disponibilidad que si las descargas fuesen piratas (rapidez de disponibilidad de contenidos subtitulados, toda la base de datos disponible) pero a un precio razonable, ¿qué pasaría? Tarifa plana o pay per view. Y la ventaja del HD. Y la ventaja de no necesitar almacenar. Y la ventaja de no tener que descargar (que es un rollazo tremendo). ¿Y si el usuario no quiere pagar? Publi. ¿Y si la publi no funciona? No soy publicista, pero se me ocurren unas cuantas formas de recuperar la inversión. ¿Si yo soy Armani y negocio la publicidad de los trajes de Mad Men, qué me interesa más, 4 millones de usuarios en EEUU y ya, o en 48 horas 30 millones de espectadores a lo largo de todo el mundo? Si soy Armani casi que me da igual que la descarga sea legal o ilegal, siempre que llegue a esos 30 millones de espectadores. Pero si yo (la productora), le ofrezco esas 30 millones de descargas a la marca, en 48 horas ¿qué no puedo cobrar? Creatividad, industria, creatividad. Sois mayores, pero no tanto. Aferrándonos a lo que teníamos está claro que la industria muere. Y se lo merece.

El usuario lleva 14 años consiguiendo los contenidos gratis. No va a ser fácil convencer, convencernos, de que ahora ya hay que pagar. Es una cuestión de sensibilización de los consumidores. Está claro. Pero desde luego esa sensibilidad no van a salir de leyes como SINDEWERT o SOPA o PIPA. Más bien al revés. Unos buenos servicios alternativos solucionarían el problema. Los artistas no son los enemigos, pero ahora lo parecen.

Las operadoras y el gato al agua.

Y una última cuestión y para mí la más importante. Las operadoras. ¿Nadie se plantea el tremendo precio de las operadoras? ¿Por qué no se carga contra ellas? Pagar de 30 a 60 € de internet en casa, más de 40 a 100 € en el smartphone/tablet hace un consumo de 70 a casi 160€ mensuales de internet. Añadir a eso spotify + youzee + pay per view+ applestore pueden hacer llegar las facturas a 200€ mensuales. No es viable si se quiere pedir a los usuarios que paguen y menos en la situación actual. O bien las operadoras bajan los precios o bien los mantienen pero incluyen paquetes de contenidos, como las teles, manteniendo las tarifas actuales. Pero 200 € de internet al mes es una barbaridad.

En lo que no voy a entrar, por obvio, es en lo de “la cultura tiene que ser gratis” sin un modelo sostenible a cuestas. Porque no sólo hay que pagar a los artistas (que para mí son unos trabajadores más), si no que hay que pensar que detrás de cada proyecto hay un sinfín de trabajadores que tienen que recibir un sueldo digno. Si alguien de los que me dicen “cultura gratis” me explica de dónde se saca el dinero para pagar desde el servicio de limpieza de un plató, a todos los técnicos y personal que trabaja en una producción, perfecto. Pero el gratis por el gratis, o peor aún, gratis “porque los artistas tienen que pasar hambre” ni lo considero.

Por supuesto que considero que internet es mucho más. Sólo ofrezco una reflexión sobre la industria pesada, la inamovible, la que no hace más que amenazar con morirse porque no saben encontrar soluciones. Pero internet es mucho más, insisto. Hay grandísimos y muy buenos ejemplos de cómo sacar ventaja a internet. De crowd funding y mil inventos más. Gente que ha dado a conocer su obra usando las muchísimas posibilidades que ofrece internet. Pero pedir a la industria tanta renovación, me temo que no es un objetivo realista.

La foto, mía, de Tempelhof en Berlín

** Todo esto sin entrar en lo que para mí es el verdadero debate de fondo: ¿el sistema económico se tiene que basar en el consumo? Pero si entro ahí, ya no salgo. **

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